Cuando el librero se vuelve editor

Librero Bella y BestiaEl espacio que separa las tareas de libreros y editores siempre ha sido reducido. Por ello nunca han faltado arriesgados profesionales dispuestos a cruzar la valla y saltar al otro lado, ya sea por cálculo o, más frecuentemente, por irresistible vocación. En España hay librerías que combinan su laboriosa tarea comercial con la cuidadosa edición de perlas literarias, como Renacimiento, en Sevilla, cuya rama editorial se ha convertido en experta en recuperaciones: ahí están la de Manuel Chaves Nogales o, más recientemente, la de otro olvidado periodista, Luis Bonafoux.

Pero, ¿qué sucede cuando quien se mete a editor es una gran compañía global, toda una ciberlibrería? Entonces la noticia pierde su glamour literario para pasar a formar parte de los movimientos empresariales que amenazan, a ojos de algunos, con la concentración vertical e incluso el monopolio. Esos temores han hecho que llamara la atención la última iniciativa de Kobo, la exitosa librería de ebooks canadiense, implantada ya en medio mundo, que acaba de anunciar la contratación de los derechos para publicar en digital la nueva obra de un conocido periodista de investigación canadiense, Kevin Donovan. La noticia enseguida despertó sospechas y críticas, llevando a sus directivos a matizar que “no estamos interesados en hacer la guerra a los editores”, según recoge la publicación especializada The Bookseller. El vicepresidente de relaciones con los editores de Kobo, Pieter Swinkels, declaraba a esta revista británica que “nosotros les damos apoyo” (a los editores), aunque también reconocía, en una frase con ecos ambiguos, que “editar [publishing en el original] es un término que necesita ser redefinido” y que su compañía aspira a “hacer evolucionar el modelo”.

ilustracion libreriaSería exagerado hacer demasiada leña de un proyecto individual de Kobo, cuando esta “evolución del modelo” ya es en parte una realidad y no de la mano de la relativamente nueva compañía canadiense, sino de su poderoso vecino al otro lado de la frontera norteamericana: Amazon. Desde su centro de mandos de Seattle, la mayor ciberlibrería del mundo ha dado pasos de gigante en los últimos años para convertirse también en editor, y ha creado nada menos que catorce sellos editoriales en lengua inglesa, cubriendo la mayoría de géneros populares como thriller, autoayuda, cómic, juvenil, ciencia ficción… Uno de esos sellos propiedad de Amazon es Montlake Romance, especializado en novela romántica y que parece ser uno de los más exitosos comercialmente. Montlake ya ha demostrado suficiente cintura como para traducir al inglés una obra española autopublicada, Treinta postales de distancia, divertida comedia escrita por Sara Ventas y ambientada no en París o Nueva York, sino en la más cercana pero también romántica Málaga. Treinta postales de distancia previamente había tenido gran éxito en la red y excelentes reseñas de las lectoras. Con ese fichaje, Montlake se adelantaba, desde la distancia, a los editores españoles. Por fin, este año la novela ha sido publicada en nuestro país por Editorial Diëresis dentro de una nueva colección.

Amazon incluso ha empezado a expandir sus operaciones a otros países, como Gran Bretaña, y a más lenguas, como el alemán. En este último caso, en 2014 publicó dos novelas románticas con las que empezó a posicionarse en el que es el segundo mayor mercado para esta compañía, después de Estados Unidos, y un gran país en índices de lectura.

El éxito de estas iniciativas editoriales de Amazon no es evidente, porque la comercialización de las obras de sus sellos se encuentra restringida al universo de usuarios de su plataforma comercial, ya que no llegan a las librerías. En la práctica, su mayor penetración se da entre los lectores de ebooks que utilizan el lector Kindle. Para otros grupos de lectores, sus títulos pueden pasar desapercibidos. Aun así y a pesar de que Amazon no divulga datos individuales de ventas, según Seattle Weekly habría conseguido superar los 500.000 ejemplares en las ventas de varios ebooks de las autoras de Montlake, como Catherine Bybee, especializada en romántica y en particular en el que parece ser un nicho muy estimado por las lectoras americanas: el subgénero de las bodas. ¿El futuro de la edición?