El hombre que desenmascaró al Pato Donald

para-leer-al-pato-donald1El libro Para leer al Pato Donald es la obra más conocida del belga Armand Mattelart, el sociólogo y estudioso de la comunicación de masas que ayer fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid junto a su esposa, Michelle.

El nombre de Mattelart resultará familiar a los estudiantes de Periodismo, al menos a los que no sean millennials. Sus obras eran lectura obligada en las facultades de Ciencias de la Información de las décadas de los 80 y los 90, en un momento en que el análisis marxista de la dominación estadounidense a través del cine y la publicidad era un tema profusamente estudiado.

Mattelart fue uno de los grandes precursores de este análisis con su libro sobre los mensajes implícitos en el universo Disney, coescrito con el novelista Ariel Dorfman y publicado en Chile, donde era profesor universitario hasta que fue expulsado en 1973 por la dictadura del general Pinochet.

Armand Mattelart (3)Allí escribió: “Ya no puede escapar a nadie los propósitos políticos de Disney, tanto en estas pocas historietas donde tiene que mostrar sin tapujos sus intenciones, como en aquellas mayoritarias en que está cubriendo de animalidad, infantilismo, buensalvajismo, una trama de intereses de un sistema social históricamente determinado y concretamente situado: el imperialismo norteamericano”. Sus tesis contribuirían a la acuñación del término “imperialismo cultural” para definir el dominio de unos países, no sólo en la economía, sino también en la lectura, el cine o la música.

Autor de veinticinco libros, en los últimos tiempos Mattelart ha dirigido su atención hacia nuevas formas de dirigismo cutural, en particular las tecnológicas. Su último libro es De Orwell al cibercontrol, publicado el pasado mes por Gedisa en España. Advierte en él de que el control al que se ven sometidos los ciudadanos ya no es ejercido desde un único poder totalitario -como el imaginado por George Orwell con su “gran hermano”- sino que “es invisible y esta invisibilidad garantiza su eficacia”, y pone como ejemplo el rastreo de datos que ejercen plataformas como Facebook y otras sobre “una población crecientemente fascinada por las nuevas tecnologías que, sin embargo, no perciben como tecnologías de control”.